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    Publicado el 18.11.2009 por Ricardo Alonso Maturana

        (Primera parte de la Charla 'Redes sociales con cerebro: web semántica y empresa 2.0' ofrecida el 12 de noviembre de 2009, en el 20º aniversario de ITCL Burgos).

          El último libro que publicó y, quizá, llegó a escribir Karl Popper lleva por título 'Un mundo de propensiones'. Lo hizo en 1990 casi nonagenario. Es un libro muy recomendable por muchas razones. Una de ellas es que es muy breve, que está muy bien escrito y que expresa con mucha claridad el pensamiento de alguien que es fundamental para entender la ciencia y la política del siglo XX.

          En la página 30 de la traducción española de Tecnos, podemos leer: “La tendencia de los promedios estadísticos a permanecer estables si las condiciones lo hacen constituye una de las características más significativas de nuestro universo”. La racionalidad humana común parece ser muy consciente de este hecho y, como consecuencia, asume que la estrategia de comportamiento individual más racional consiste en no cambiar de comportamiento hasta que las condiciones del medio no muestren una variación significativa. Las Teoría de la Elección Racional y la Lógica de la  Acción Colectiva han teorizado largamente sobre este hecho.

          Si saltamos desde los motivos y las preferencias individuales que determinan nuestro comportamiento al ámbito de la acción colectiva, el resultado de la agregación del conjunto de principios, enfoques y, a la postre, hábitos de comportamiento y estrategias de resolución de problemas determinarían un marco común de valores y una cierta actitud colectiva, entendida como patrón cultural y forma colectiva, estable y socialmente apreciada de comportamiento que, a su vez, determina la manera en la que se educan y se socializan las nuevas generaciones. La paradoja de entender la proposición de Popper es muy sencilla: nuestro comportamiento aparentemente más racional, aquel que está orientado a la conservación, el mantenimiento de los patrones de comportamientos grupales exitosos del pasado expresa, en realidad, una preferencia colectiva, preferencia que hace que las posibilidades de ocurrencia de un hecho determinado estén pesadas. En suma, nuestras preferencias colectivas junto con ciertos accidentes más o menos azarosos que pueden ocurrir determinan el universo de los sucesos. Las posibilidades de que un determinado acontecimiento ocurra están socialmente pesadas, no causalmente determinadas. El futuro está abierto y la mejor prueba de ello es que las estrategias conservadoras generan las oportunidades precisas para que nada ocurra. Un mundo que colectivamente cree que nada puede cambiar consigue, en efecto, que nada cambie, simplemente porque hace que la propensión de que eso efectivamente ocurra tienda a 1.

          Popper escribe: “Las propensiones, como las fuerzas de atracción newtonianas son invisibles; como aquellas, pueden actuar: son actuales y reales. La conclusión lógica de todo esto parece ser: no es posible reorientar el mundo de propensiones que actúa sobre nosotros con la misma realidad que la tectónica de placas determina la deriva continental si no hacemos colectivamente algo diferente.

         Las actitudes, los enfoques y los valores colectivos generan propensiones de éxito. Nada nos acerca más al fracaso que la idea de que algo no es posible. Y esto es cierto tanto si tomamos el concepto de sociedad desde el punto de vista más amplio posible (el conjunto de actores sociales y sus relaciones), como desde uno más pequeño y acotado (una empresa, una asociación de vecinos, un grupo de investigación…). Todo grupo social genera su propio mundo de posibilidades: su universo de sucesos que se expresa tiene una cierta propensión a que ciertas cosas ocurran y otras no. Esas posibilidades determinan el horizonte de posibilidades que contienen. Si mi empresa no es innovadora, es difícil que alguien en ella pueda llevar adelante una innovación.

          Los mercados y el cambio son palabras y conversaciones: el que no tiene palabras para explicar algo, en general no tiene las ideas que pretende trasladarnos. No hay innovación, al menos en el contexto de un economía innovadora con base en el conocimiento, en el marco de un espacio económico y social caracterizado por el cambio y necesidad de gestionarla complejidad con pocos espacios sociales e institucionales habilitados para hablar y poca costumbre de hacerlo. Ese es el modo de tejer redes de confianza estables entre los actores clave del sistema económico y una carencia de un sentido de misión compartidos. Es sabido que cuanta más tecnología se maneje o se pretenda desarrollar, mayor necesidad de formas complejas de organización de los intereses y capacidades sociales se precisa.

    Sin confianza resulta muy difícil desarrollar construir un sólido fundamento de confianza en nosotros mismos que nos permita superar el desafío cultural que supone la transformación de una economía tradicional en una innovadora, transición particularmente dificultosa en regiones pequeñas y no poderosamente conectadas con los centros de creación e industrialización del conocimiento.

    La promoción de la actitud y culturas innovadoras precisan de valorar y afincar firmemente algunas capacidades críticas para el éxito de proyectos de emprendimiento de base tecnológica, como son la imaginación, el esfuerzo y la perseverancia. Las empresas necesitan crear esa cultura en su interior y deberían comprometerse con su promoción en el exterior. Acuérdense del lema de Obama: Yes, we can.

    La tecnología es sobre todo un producto social y, además, es sobre todo innovación. Siempre ha tratado del mismo asunto: del modo de amplificar y robustecer facultades que originalmente residían en el cuerpo humano. Antes ampliamos gracias a la tecnología nuestra capacidad motora y sensorial; ahora la tecnología está amplificando nuestras capacidades intelectuales y relacionales. Esta amplificación está determinando una aceleración sin precedentes del proceso de cambio social y tecnológico. Existe una aguda conciencia global de que las posibilidades de seguir el paso de este proceso pasan por conectarnos más profundamente, con la posibilidad de tejer redes de confianza más amplias que nos posibilite resolver mejor problemas más complejos y desafiantes. Virilo, un filósofo italiano, ha hablado de aceleración de la realidad para expresar este estado de cosas enardecido.

    Si quieres, puedes continuar leyendo la segunda parte de la charla: 'Global Brain'.

     

     

     

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