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    Publicado el 4.12.2018 por Ricardo Alonso Maturana

    En 1928 Paul Valèry publicaba “la conquista de la ubicuidad”. Consideraba allí que “el pasmoso crecimiento de nuestros medios (…) nos garantizan cambios muy próximos y hondos en la antigua industria de lo Bello” y, a propósito de esos cambios, anticipaba una sociedad para la distribución de Realidad Sensible a domicilio, algo nunca soñado antes y en la que llegarían a nuestras casas "imágenes visuales o auditivas que nazcan y se desvanezcan al menor gesto, casi un signo". En ese mundo, la distancia, el tiempo y el espacio se verán abolidos. Valèry específicamente, hablaba de “hacer presente” una obra en cualquier parte y de “recuperar a voluntad” cualquier obra. Este artículo trata sobre qué significa la ubicuidad en la época del internet basado en Inteligencia Artificial y qué implicaciones tiene y tendrá para el negocio de los museos.

    En el mundo ubicuo de Internet y de la Máquinas que Aprenden, un mundo en el que parece posible construir muchos de los relatos que nos interesan de forma automática o semiautomática, porque hemos transferido parte de nuestro conocimiento y talento narrativo a nuestros sistemas, las cosas no son como parecen (o a veces parecen ser como no son). Los museos en la web tienen por delante el desafío de construir una museografía digital que no virtualice las limitaciones de espacio, tiempo o duración del mundo determinado por las condiciones físicas y materiales y que, por tanto, responda de manera genuina a las nuevas posibilidades de experiencia, operación y negocio que posibilita la tecnología.

    En 1999, David Weinberger lanzó el Cluetrain Manifesto. La primera de sus 95 tesis decía: “los mercados son conversaciones”, vale decir aquí, “los museos son conversaciones”. Según el Manifiesto, desde los albores de internet, las organizaciones se estaban modificando empujadas por las nuevas posibilidades de las que disponían los consumidores gracias a la ampliación digital del mundo. En el futuro, la imagen de los museos será el resultado de su capacidad para conversar de manera personalizada con sus diferentes audiencias y públicos. Internet y las tecnologías avanzadas que la soportan parecen haber hecho posible el sueño de Malraux de un Museo Imaginario, personal, sin límites de espacio o tiempo, sin muros, sólo determinado por el gusto de quien lo construye, en suma, de un museo que ha dejado de ser una monolítica afirmación. Definitivamente, un Museo Imaginario es un meta-lugar del patrimonio y la memoria que debería ser fácilmente accesible de una manera más personalizada y cosmopolita por un público más conectado, curioso e informado que busca saber más, conocer antes, mejor y más verdaderamente. Las organizaciones más en la frontera y con ellas los museos más despiertos están utilizando la tecnología para comprender mejor a sus posibles clientes y audiencias con el fin de hablar personalmente con cada una de ellas.

    La tecnología no es neutral; un enfoque tecnológico inadecuado o un conjunto de tecnologías insuficientes determinan el resultado. La generalización de la Inteligencia Artificial y de las tecnologías cognitivas está permitiendo desarrollar una original simbiosis entre lo que saben las personas y, en un ambiente tecnológico cada vez más semánticamente consciente, lo que manejan y son capaces de interpretar los sistemas, dando como resultado, en el caso de los museos, un relato, o conjunto de ellos, cada vez más variado, profundo, personalizado y rico.

    Finalmente, en Internet todos los museos pueden llegar a ser uno sólo. Estamos contribuyendo a construir, cada vez que publicamos datos y nuestros sistemas inteligentes los enlazan, una gigantesca máquina de aprender. Gracias a ello y a las tecnologías de recuperación de la información disponibles, podremos responder a preguntas tan interesantes como: ¿qué estaba componiendo Beethoven cuando Goya pintaba tal o cual obra? De este modo, cualquier museo, cualquier colección podrá convertirse en la web en un relato/espacio educativo, pero recíprocamente, todos podrán convocar el conocimiento complementario que precisen para construir un conjunto de narraciones que hagan de la experiencia de la visita a la colección de un museo una experiencia superior. El internet inteligente puede convertirse, a través de los dispositivos móviles, en un ambiente que susurre al oído de los visitantes aspectos relevantes (y eventualmente personalizados) de la obra que está contemplando. En la práctica, la transformación tecnológica de los museos actúa como palanca para su transformación cultural. Parece evidente que con todo lo referido en acción, se abrirán a los museos nuevas posibilidades de negocio que demandarán de una nueva organización de los mismos.

    Con el Internet ubicuo, inteligente, aceleradamente creciente y extraordinariamente vasto que es el signo de nuestros tiempos, el conocimiento humano en su conjunto ha crecido y se ha vuelto más complejo, pero menos seguro y cierto. La nueva dimensión de hechos alternativos o noticias falsas sugiere que ahora necesitamos, mucho más que nunca, autoridades que ofrezcan sentido e interpretación. Sin duda, las nuevas museografías y, especialmente, sus extensiones digitales deberán reflexionar sobre (y resolver) esta tensión entre las posibilidades que se abren con la tecnología y los desafíos, compromiso y talento intrínsecamente humanos que implica su gobierno.

    El despliegue de internet ha determinado la creación de un espacio de vida digital, un espacio de vida real que no es sólo útil para la publicación, la distribución, la difusión de contenidos o la conversación, sino también para la producción y creación. El arte digital concebido originalmente en formato digital nos plantea desafíos específicos de exhibición, reproducción y preservación que habremos de saber resolver en los próximos años.

    Sobre todo esto tuve ocasión de conversar en el curso organizado por el Museo de Bellas Artes de Bilbao "Museografías: modos de ver el arte". Grandes figuras del arte y la gestión cultural como Norman Foster, Taco Dibbits, Director del Rijksmuseum en Ámsterdam o Gabriele Finaldi Director de la National Gallery también expusieron su visión sobre los nuevos desafíos museográficos a los que se enfrentan los museos en la era de la información. Siguiendo el siguiente enlace podéis ver, si os place, la conferencia que tuvo lugar el 28 de julio del presente año.

    https://www.gnoss.com/recurso/curso-museografias-modos-de-ver-el-arte/bf50c121-35a5-4d52-9121-e9fae9829740

     

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