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    Publicado el 24.7.2009 por Ricardo Alonso Maturana

    Watermelon

    tipo de documento Artículo

    El título de este blog requiere una explicación. Y el propósito también. Se la debo a algunas personas. No a muchas, claro. Pero, de manera invariable, el reducido grupo de gente de mi vida offline a la que había hecho saber, confidencialmente por supuesto, que me proponía empezar a escribir un blog, cuyo título además era Zumo de Melón, se sintieron alarmadas. Y no sólo porque saben de sobra que los diarios personales no se escriben para ser publicados, por lo que redactar un blog les parece de una vanidad egocéntrica que raya en lo insoportable, o porque crean que hay demasiada gente que escribe y poca que lee, lo que les inclina a pensar que sería muy sensato por mi parte no molestar...más, sino sobre todo porque les parece que, sea lo que sea un blog, probablemente no estoy capacitado para ello. Y el título elegido no hace más que reforzarles en esta convicción. "Sencillamente es espantoso", me dijo Isabel. Espantoso. Necesito explicarme.

    Cuando yo era pequeño era relativamente frecuente que cualquier adulto que se preciara de tal se refiriera a tí diciéndote que eras un melón. En la España de los sesenta, atiborrada de niños, esta era una forma relativamente amable de señalar que uno era un zoquete, un cero a la izquierda o que, en otra expresión de la época, tenía la cabeza llena de serrín. No sé si ahora se usa mucho esta expresión, quiero decir si los nativos digitales la usan o conocen; quizá no la conozcan porque ahora escasean esta clase de melones, pero en el mundo infantil de entonces, el de los sesenta, abundaban los melones y las melonadas, según recuerdo que decían los padres y profesores, en general poco amigos de la renovación pedagógica y cosas por el estilo.

    Con la regularidad de un diapasón mensual, Gangoiti, el peluquero del barrio, pasaba la máquina por aquel cultivo de melones, dejándoles con la leve pelusilla (o los cañones) de un melocotón. Las madres de entonces aliviaban su culpa con un "no se lo deje muy corto", a lo que aquel hombre de principios respondía, invariablemente, con un "no se preocupe". Pero a poco que levantaras la vista del DDT para ver cómo discurría el asunto sobre la tabla que se colocaba cruzando los brazos de la silla del barbero a modo de asiento, veías al contraluz el melón mondo y lirondo, del que sólo sobresalían unas orejas como de Dumbo.

    Así pues, el mundo que yo veía desde casi cualquier perspectiva era un melonar. Por supuesto, nadie se imaginaba que de allí pudiera salir una sola idea sobre, pongamos por caso, la web semántica o la decodificación del código genético. Y no sólo porque entonces esas cosas no se podían pensar todavía y hubieran resultado una ucronía de psiquiátrico, sino sobre todo porque la pedagogía de curso legal era muy poco fantasiosa y rara vez se permitía ninguna ensoñación que incluyera la idea de talento. Para cualquier chaval de mi generación era obvio que la inteligencia, fuera eso lo que fuese, vivía o habitaba en un melonar y se desplegaba por medio de la gamberrada, la burrada y el chiste, únicas armas entonces de supervivencia masiva. Así que cuando Luis, mi socio en este proyecto, dijo en una reunión que lo que estábamos haciendo era "puro zumo de cerebro", rápidamente entendí que pertenecíamos a la misma generación. Y no sólo porque sé contar (en este caso años) o porque entonces todavía se comía en las casas sesos y asaduras, sino sobre todo porque me pareció indubitable que habíamos tenido el mismo peluquero (o al menos uno que pertenecía a la misma categoría ontológica).

    Supongo que los menores de, pongamos, 25 o incluso 35 años no tienen mucha dificultad en identificar sus ocurrencias como zumo de cerebro, al fin y al cabo les han educado poniendo sumo cuidado en mantener su autoestima por las nubes, pero los que somos algo más mayores sabemos que, en nuestro caso, el zumo de cerebro es puro y simple zumo de melón.

    Cuando le dije a Isabel que iba a escribir un blog, me miró como si me hubiera salido una erupción cutánea de boletus edulis. Hay que decir en su descargo que tiene más o menos mi edad. Cuando se repuso, me preguntó de manera bastante educada dadas las circunstancias, pero obviamente preocupada, que cómo se iba a llamar. Cuando le dije que "Zumo de melón", percibí con toda claridad que no estaba contribuyendo a despejar sus dudas sobre mi buen juicio. "Espantoso", fueron sus últimas palabras, ya lo saben.

    Pilar no estaba muy segura de lo que era un blog, de modo que con su acostumbrada sensatez pasó por alto el asunto del título para centrarse en lo fundamental: "Pero, ¿crees que es necesario? ¿No hay miles de personas que hacen eso?". "¿Qué?", pregunté. "Exhibirse". Definitivamente, era mejor no generar expectativas desmesuradas con el título; para ello, zumo de melón parecía una opción razonable, en especial teniendo en cuenta mis condiciones biográficas. El resto de la gente que dice apreciarme se condujo en los mismos o parecidos términos, con la excepción de Pedro Santana que señaló que el salto entre trabajar en el desarrollo de la web semántica y hacer literatura podía ser demasiado grande para mí, "quizás un salto mortal". Gracias Pedro. Prefiero pasar por alto los pensamientos que expresaron de manera sorda, y muda, Susana, Ana, Elena, María y otras personas que trabajan conmigo. Sólo el optimismo incurable de Pablo parecía no darse cuenta del potencial peligro que encerraba el asunto. De hecho, dice mucho de su carácter el que fuera el único que viera ...algo en la empresa (aunque a la enigmática luz que arrojan sus palabras sea difícil decir exactamente qué): "tienes que traducirlo al inglés, es más global".

    Es lo mismo que dijo Luis mientras escuchábamos, en el hotel Saratoga de Palma de Mallorca, a un grupo de aficionados locales cerrar la jam session de los lunes con una despiadada interpretación del Watermelon man de Hancock: "En inglés es más global". "¿El qué?". "El ridículo título de tu blog". "¿Más ridículamente global?". "Quizá la gente piense que escribes sobre jazz, eso podría ayudar, atraer algún lector, ya sabes". "Ummm". "Claro que sólo una vez". "Claro".

    "Watermelon, ¿Qué te parece? ¿No es chulo?" "No, no es chulo, es espantoso -me dijo de nuevo Isabel- pero al menos..." "¿Al menos qué?" "Es...¿más global?"

    Nada de zumo de melón, nada de mugre. Optimismo tecnológico, progresividad, rutilantes melenas... vida digital, web semántica, web 3.0, GNOSS, puro futuro; sin caspa, porque esto es: ¡¡¡WATERMELON!!! (el verdadero zumo de melón sobre la vida digital y la web del futuro ¿o debería decir nextweb? ;)

     

     

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