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Shared Ricardo Alonso Maturana Por Ricardo Alonso Maturana

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Artículo de Alessandro Baricco publicado el 21 de septiembre de 2010 en La República, que, según se entiende, es una repuesta a Eugenio Scalfari (fundador a su vez del diario donde se ventila la discusión), que responde finalmente y de nuevo a Baricco. El tema no puede ser de mayor actualidad: Baricco sostiene que estamos ante el advenimiento de un nuevo mundo caracterizado por la superficialidad, esto es, por la extensión casi imposible de pensar hasta ahora de los contenidos, las razones, los razonamientos y las personas que participan en todo ello. Los nuevos bárbaros (piénsese en la gente que ha hecho posible Google o Apple o Wikipedia, dice Baricco) no tienen que ver nada con el embarbaramiento, si bien ambos fenómenos suceden a la vez. Los nuevos bárbaros están emparentados con Diderot o  Mozart y, como aquellos, representan la avanzadilla de un mundo nuevo. El embarbaramiento, esto es, los centros comerciales, la TV basura, la cultura de la comunicación contemporánea, una cierta cultura política, etc...son fenómenos decadentes o que, al menos, pueden ser entendidos como signos de decadencia de un mundo crecientemente acosado por la barbarie. La vieja aristocracia del Antiguo Régimen careció del coraje para defender sus privilegios cuando las cosas se pusieron serias y las Luces dejaron de ser una Enciclopedia para pasar a la acción política y, por supuesto, nadie nos dice que las cosas no vuelvan a ser así. Ortega y Gasset, cuando escribió en 1927 Abenjaldún nos revela el secreto (Pensamientos sobre África menor), mostró, de la manos de Ibn Jaldún, el primer filósofo de la historia según él, hasta qué punto las generaciones que disfrutan de privilegios heredados se van ablandando, se van embarbareciendo diría Baricco, en un proceso de decadencia que les aboca a perderlos (lo que quizá quepa interpretar del siguiente modo: todos lo privilegios que uno no conquista y defiende son inmerecidos y...a la postre se impone una cierta justicia poética). Sólo que ahora el juego no es entre sedentarios gordinflones y nómadas endurecidos en el desierto, sino entre aquellos que han desarrollado las tecnologías (y con ellas las nuevas lógicas) que han hecho de nuestro mundo algo casi inabarcable, extremadamente extenso y, cde ese modo, han acabado con el ideal moderno de la profundidad o de las razones últimas. En el futuro, probablemente, bastante tendremos con no perder la orientación dice Baricco. En definitiva, en este contexto de extrema complejidad, se impone la cuestión del sentido y la dirección. Y es precisamente ahí donde muchos de los viejos discursos, en particular, los discursos de la política, de la vieja política suenan más gastados, más embarbarecidos. Es como sí uno se aplicara a clavar un clavo golpeándolo con una máquina-herramienta de 2 toneladas y luego dijera que él sí que entiende de mecánica. Pues no. Es otra lógica, son otras posibilidades, es otro lenguaje. Para todos aquellos que quieran dedicar 10 minutos a pensar en el futuro y sus desafíos.

"Io quando penso ai barbari penso a gente come Larry Page e Sergey Brin (i due inventori di Google: avevano vent'anni e non avevano mai letto Flaubert) o Steve Jobs (tutto il mondo Apple e la tecnologia touch, tipicamente infantile) o Jimmy Wales (fondatore di Wikipedia, l'enciclopedia on line che ha ufficializzato il primato della velocità sull'esattezza). Quando penso agli imbarbariti penso, a costo di sembrare snob, alle folle che riempiono i centri commerciali o al pubblico dei reality show. Il fatto che i secondi usino abitualmente le tecnologie inventate dai primi non deve confondere le cose. Si tratta di due fenomeni diversi: né l'eventualità che Steve Jobs adori i reality show deve indurci a fare confusione.

Quando penso ai barbari penso a Diderot e D'Alembert (apparivano come barbari all'élite intellettuale dell'ancien régime) e quando penso agli imbarbariti penso al cascame di aristocratici che mentre nasceva l'Illuminismo ripetevano a vuoto i riti di un privilegio e di una ricchezza che in realtà non avevano più le energie per motivare e difendere. Quando penso ai barbari penso a Mozart (il Don Giovanni sembrò piuttosto barbaro all'Imperatore che lo pagò) e quando penso agli imbarbariti penso alle signorine aristocratiche che strimpellavano ottusamente sonatine di Salieri nei loro saloni cadenti. Voglio dire che una cosa è l'insorgere di modelli radicalmente innovativi e irrispettosi della tradizione, un'altra è il fisiologico disfarsi di una civiltà nell'ignoranza, nell'oblio, nella stanchezza e nel narcotico dei consumi"


 

 

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