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Los mejores cerebros de nuestra generación trabajan para el lado oscuro de la fuerza. Necesitamos garantizar el cumplimiento de la Carta de Derechos Digitales.

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El pasado 12 febrero, El Roto publicó El País la viñeta que acompaña a este post, donde sintetizaba de un modo genial el sino de nuestra generación: en los tiempos de la Inteligencia Artificial vivimos atrapados en La Red

“Hubo un tiempo en el que buscábamos en #Google; ahora Google busca en nosotros” decía Susana Zuboff en una entrevista con Justo Barranco para La Vanguardia en octubre de 2020, realizada con motivo del lanzamiento en español de su libro La era del capitalismo de vigilancia (Paidós). En esa misma entrevista añadía que: "Facebook en 2013 hizo experimentos que mostraban cómo manipular con señales subliminales, dinámicas de comparación social, microtargeting psicológico y premios y castigos. Con una recopilación de datos muy inteligentes vieron que podían afectar el comportamiento en el mundo real.”

Fue en 2018 cuando, con Cambridge Analytica, vimos que los métodos de Facebook se usaban a gran escala, pasando de tener objetivos comerciales a políticos. Marta Peirano publicaba el pasado domingo en El País, un artículo titulado Cómo evitar que ChatGPT provoque un nuevo asalto al Capitolio para impedir que la desinformación se vuelva automática. Las tecnologías de #IA generativas, que procesan texto e imagen, están en condiciones de producir "contenido sintético" difícilmente distinguible del real, que puede ser utilizado por redes de cuentas organizadas con un propósito, generalmente inexperto y oscuro. A eso se le denomina "comportamiento coordinado inauténtico" y es, posiblemente, la mayor amenaza para la vida política de las sociedades abiertas.

"He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos (…)" escribía Allen Ginsberg en Aullido, un poema publicado en 1956. Los mejores cerebros de la nuestra no se dedican a la literatura y ni a la autodestrucción, si no que están contratados por las grandes tecnológicas y trabajan para la clase de proyectos que retrata, con tanto acierto sintético, la viñeta de El Roto que mencionaba arriba. La calidad de la vida democrática, la posibilidad de construir una vida personal que no esté atrapada en nuestro pasado, ni en la desinformación, ni en las formas ambientales y sutiles de manipulación del comportamiento de las redes; el disfrutar de criterio y pensamiento propios, el diálogo, la controversia y la conversación como formas políticas y sociales de resolución de problemas; en suma, todo lo que hace feliz la vida, está ahora amenazado. Necesitamos que nuestras élites políticas, científicas y periodísticas, junto con los mejores cerebros de esta generación, se dediquen también a construir un espacio público de vida digital saludable, seguro y feliz. Para ello, precisamos que se formen, pero ¿quién las forma?

Hace unos días comentaba el informe de #Gartner sobre las tecnologías emergentes titulado 4 Emerging Technologies you need to know about. Entre  las tendencias tecnológicas emergente que identificaba Garner, destacaba #Human-centered AI (HCAI), que define así:  "a common AI design principle calling for AI to benefit people and society, which could improve transparency and privacy". Es, según Gartner, una tendencia que se desplegará a lo largo de los próximos 6-8 años en un marco en el que la Ética Digital y la #IA Responsable serán una parte importante de ese movimiento. Hay una preocupación creciente sobre esta clase de temas, que precisa de acompañamiento, recursos y atención políticas. Disponemos de una  Carta de Derechos Digitales publicada por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital; un documento muy sólido de principios, no normativo, que funciona como un marco garantista de los derechos de los ciudadanos en el nuevo espacio de vida digital que estamos construyendo y en el que, de manera creciente, se desarrolla una parte muy importante de nuestras vidas.

Uno de los derechos es la #transparencia, que en buena medida se identifica con la trazabilidad de los contenidos, lo que muestra hasta qué punto la construcción de nuestro mundo político depende de elecciones sobre Inteligencia Artificial que son, en la práctica, elecciones tecnológicas. La tecnología es también política y de ningún modo su intención, concepción y ejecución resultan neutrales con relación al tipo de vida que deseamos vivir. En suma, necesitamos desarrollar una mirada propia, y europea sobre qué es "Vida Digital" y cómo esa área se constituye en un espacio ciudadano basado en los principios de libertad, seguridad y felicidad públicas. Para ello, precisamos de tecnología europea al servicio de un nuevo liderazgo, que pueda enfrentarse a la evidente superioridad americana, que es la de sus plataformas y a las aspiraciones chinas en este campo. Andrés Pedreño y Luis Moreno han alertado con mucha oportunidad sobre la naturaleza esencial de esta pugna para nuestro estilo de vida en su libro Europa frente a EE. UU y China. Prevenir el declive en la era de la Inteligencia Artificial.

Vivimos enredados en la Red de un modo que afecta a nuestra cognición, a la forma en la que aprendemos, nos comunicamos, nos relacionamos y estamos en el mundo. Un smartphone puede ser, como sugiere la viñeta de El Roto en El País, una jaula, quizá dorada, pero una jaula al fin y al cabo, que promete placeres menores y, con frecuencia, espurios, en un mundo de incesantes repeticiones basadas en un comportamiento programado y adictivo.

#GNOSS es un proyecto tecnológico de #IA #Semántica "fabricada en España", en Europa, que alienta el libre albedrío y abre posibilidades de conocimiento, sin la ambición de meter a nadie en ningún embudo, pero con la aspiración de que la gente pueda perder mucho tiempo en la web del Museo del Prado o en Didactalia, ambas construidas con nuestra tecnología.  En un mundo posible que garantizara los derechos ciudadanos digitales, la cultura digital debería incorporar una cierta visión que oriente sus intenciones a constituirse en un medio para disponer de más tiempo, no de menos; aunque sea para consumir buenos contenidos digitales en el campo de la cultura, la educación, la investigación o el turismo; que los hay excelentes y muy abundantes.

Bibliografía:

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